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17 febrero, 2026Liderazgo egocéntrico: la cultura del “yo, yo” y su impacto en las empresas

El liderazgo es uno de los factores más determinantes en el éxito o fracaso de una organización. Sin embargo, cuando el jefe o dueño adopta una cultura centrada en el “yo, yo”, la empresa comienza a mostrar señales de desgaste interno, baja motivación y estancamiento. Este tipo de liderazgo, aunque común, suele pasar desapercibido hasta que las consecuencias son evidentes.
¿Qué es la cultura del “yo, yo” en el liderazgo?
La cultura del “yo, yo” se refiere a un estilo de liderazgo donde el directivo se coloca como protagonista absoluto de los logros, decisiones y visiones de la empresa. El líder prioriza su imagen, su autoridad y su reconocimiento personal por encima del desarrollo del equipo y la colaboración.
Este enfoque suele confundirse con liderazgo fuerte, cuando en realidad responde a un liderazgo egocéntrico que limita el crecimiento organizacional.
Principales características del liderazgo egocéntrico
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Centralización excesiva de decisiones
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Falta de delegación efectiva
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Necesidad constante de reconocimiento
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Baja apertura a la crítica o a nuevas ideas
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Comunicación vertical y poco empática
- Necesidad de presumir dinero
Estas conductas generan un entorno donde los colaboradores prefieren callar antes que aportar.

Impacto negativo en la empresa
Cuando predomina la cultura del “yo, yo”, las consecuencias no tardan en aparecer:
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Desmotivación del equipo
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Alta rotación de talento
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Pérdida de innovación
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Dependencia extrema del líder
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Clima laboral tenso y poco colaborativo
A largo plazo, la empresa se vuelve frágil y dependiente de una sola persona.
¿Por qué algunos dueños o jefes adoptan esta cultura?
Las causas más comunes incluyen:
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Inseguridad personal
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Miedo a perder el control
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Falta de formación en liderazgo
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Éxitos tempranos no gestionados
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Culturas organizacionales sin límites claros
Identificar el origen es el primer paso para el cambio.

Cómo transformar un liderazgo “yo, yo” en uno colaborativo
A nivel del líder
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Recibir retroalimentación estructurada
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Medir resultados del equipo, no solo individuales
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Practicar la escucha activa
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Aprender a delegar con confianza
A nivel organizacional
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Definir valores claros y compartidos
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Reconocer logros colectivos
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Crear espacios seguros para la opinión
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Separar el rol de dueño y el de director
Un liderazgo efectivo reconoce que los resultados son colectivos. Mientras el liderazgo sano fomenta la confianza y el crecimiento, el liderazgo egocéntrico se basa en el control y la validación personal. El verdadero líder entiende que el éxito del equipo es su mayor logro.
La cultura del “yo, yo” puede parecer funcional en el corto plazo, pero termina debilitando a la organización. Las empresas que evolucionan son aquellas que entienden que liderar no es destacar solo, sino hacer crecer a otros. Invertir en un liderazgo colaborativo no es un lujo, es una necesidad estratégica.


